por Retail Actual 4 de abril, 2025
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El café no es solo una bebida, es una experiencia sensorial que se disfruta con todos los sentidos. En este artículo, exploraremos cómo identificar un café de calidad a través de su sabor, aroma, cuerpo y acidez.

Saber comunicar cómo identificar un café de calidad permitirá elevar la experiencia del cliente al disfrutar de su taza de café favorita. Empresas como Malongo, comprometidas con la sostenibilidad y el comercio justo, trabajan para ofrecer granos excepcionales que respetan tanto el medio ambiente como a los productores.

La degustación de café es mucho más que simplemente beberlo. Se trata de una combinación de técnicas que permiten analizar sus cualidades y apreciar los matices de sabor que hacen único a cada grano. Este arte no solo es importante para los baristas, sino también para los amantes del café que buscan disfrutar de una experiencia más completa.

Cualidades de un café de calidad

Un café de calidad proviene de varios factores que influyen en su sabor final. Desde el origen de los granos hasta la forma en que se tuestan, cada paso tiene un impacto en la bebida. Sin embargo, lo más importante es que el café cumpla con ciertas características que lo hagan destacar entre otros. Aquí hablaremos de los aspectos clave que definen un buen café: sabor, aroma, cuerpo y acidez.

Sabor: la base de la degustación

El sabor es, sin duda, el componente más importante al evaluar un café. Un café de calidad tiene un sabor equilibrado que no es ni demasiado amargo ni demasiado ácido. Los mejores cafés suelen tener una amplitud de sabores que pueden incluir notas frutales, florales, a nuez o incluso a chocolate. La combinación de estos sabores dependerá de factores como el origen del grano, el proceso de fermentación y el tipo de tueste. Un café bien equilibrado tiene una armonía entre la dulzura, acidez y amargor.

Aroma: el primer contacto con el café

El aroma de un café es otro indicativo fundamental de su calidad. Antes incluso de dar el primer sorbo, el olor que emite la bebida nos da pistas importantes sobre lo que podemos esperar. Un café de calidad tiene un aroma intenso y complejo, que puede recordar a frutas, especias, madera o incluso a azúcar caramelizada. A medida que el café se enfría, sus aromas evolucionan, por lo que una buena práctica es percibir el aroma tanto al inicio como al final del proceso de degustación.

Cuerpo y acidez: la textura y la frescura del café

Dos características esenciales que también deben tenerse en cuenta al evaluar la calidad de un café son el cuerpo y la acidez. Estos dos aspectos son los que aportan la textura y la frescura al café, respectivamente.

Cuerpo: la sensación en boca

El cuerpo de un café hace referencia a su textura en la boca. Un café con buen cuerpo tiene una sensación rica y sedosa que permanece en el paladar. Se puede comparar con el cuerpo de un vino, y se refiere a la presencia que tiene el café cuando se saborea. Un café de calidad tiene una sensación de pleno y redondeado, lo que contribuye a la experiencia global.

Acidez: el toque refrescante

La acidez no se refiere a lo que comúnmente entendemos por ácido, sino a un matiz que aporta frescura y vivacidad al café. Los cafés de orígenes especiales suelen tener una acidez brillante que recuerda a frutas cítricas o manzanas verdes. Es una característica que no debe ser confusa con el amargor. Una buena acidez debe ser limpia, equilibrada y ofrecer una sensación refrescante al paladar.

Cómo identificar un café de calidad al degustarlo

Ahora que hemos hablado de los aspectos clave que definen un café de calidad, es importante entender cómo evaluarlos de manera práctica al degustar. La técnica más comúnmente utilizada es la de la cata de café. Este proceso es similar al de los sommeliers del vino, y se realiza en varias etapas para valorar cada una de las características mencionadas previamente.

El proceso de cata

Para llevar a cabo una cata de café, es necesario seguir algunos pasos básicos que nos permitan observar y evaluar sus cualidades de manera objetiva:

  • Preparación: Se utiliza café recién molido, idealmente de origen único, y se mide con precisión la cantidad de café y agua para asegurar una proporción equilibrada.

  • Olor y aspecto: Antes de probarlo, hay que percibir su aroma y observar su color. Un café bien molido y tostado debe tener un aspecto uniforme y su aroma debe ser limpio y potente.

  • Degustación: Al probar el café, debes hacerlo en sorbos pequeños, dejando que el líquido cubra toda tu lengua. Así podrás sentir la textura del cuerpo y percibir tanto la acidez como los sabores.

  • Evaluación final: Después de beberlo, observa cómo permanecen los sabores en el paladar. Los cafés de calidad tienen un retrogusto persistente que deja una sensación agradable.

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